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Problemática de Amoris laetitia

Aparecida y Amoris laetitia: Dos textos, los mismos problemas 


El estilo redacción de la Exhortación Amoris Laetitia, hereda los mismos problemas que se apuntaron respecto al Documento de Aparecida. El entonces Card. Bergoglio fue el presidente del Comisión de redacción. Uno de sus principales colaboradores en esa comisión fue Víctor Fernández, quien también lo asistió en la redacción de la Exhortación post-sinodal. Repasamos.  

1. Yuxtaposiciones sin síntesis

El texto no hace ninguna síntesis, sino una yuxtaposición de perspectivas. Probablemente las interpretaciones posteriores harán su elección según la anterior base ideológica.

2. El Problema del consenso

El método de la redacción y la naturaleza del discurso condicionaron altamente al texto. En ese sentido, la clave de lectura más importante nos viene de la naturaleza del discurso. Se intentó construir un discurso consensual entre personas de horizontes culturales y teológicos diferentes, de prácticas pastorales plurales, por medio de un estilo antes genérico, abstracto, idealizado y apreciado por la única autoridad común a todos ellos, el Pontífice Romano.

3. Toque postmoderno y carismático

Se insistió en la “alegría” del encuentro con Jesús, del que se da testimonio. ¿Será ya algún toque postmoderno, carismático? ¿Será que estamos en tiempos de subrayar la alegría, el gozo y el placer de ser cristianos?  
Representa el discurso del actor en oposición al del analista. Este último se inclina sobre la realidad, la desmenuza para conocerla y sólo después emite juicios y traza estrategias. El discurso del actor, por el contrario, expresa lo que los autores del texto quieren y se proponen, prescindiendo de análisis detallados, objetivos y científicos. Se expresa el deseo decidido antes de realizarlo, y sólo después se verá su grado de factibilidad. La parte analítica del discurso carece de rigor científico y se queda en afirmaciones genéricas, fácilmente perceptibles por el ciudadano común. La verdad vale por la autoridad de quien escribe, lo cual es una posición difícil de ser aceptada por la modernidad. 

4. La vaguedad

Incentiva al católico, en tono algo moralista simplificador y de un vago idealismo, a asumir la misión de evangelizar con alegría y valor. Colorea la vida eclesial, reflexionando más sobre el deseo que sobre la realidad. Hoornaert advierte, sin embargo, sobre el riesgo de un discurso forrado de sueños y carente de cálculo, sin responder a la sencilla pregunta de cómo realizar un sueño tan bonito.
Se careció de pistas concretas para la pastoral. Se olvidó que tanto el silencio como la vaguedad también son ideológicos.

5. La ausencia de conflicto

Las posturas conflictivas se evitan. Se lograron formulaciones suficientemente pulidas como para no desagradar ni comprometer a nadie. Los adjetivos posibilitan a cada quien entender el término a su manera y así se obtiene un consenso, no sobre un significado concreto, sino simplemente sobre un significante que será rellenado con diferentes significados. La homogenización se logra con mayor facilidad debido a la indiscutible autoridad del Papa.  
En los Evangelios, la Cruz está en el centro de la cristología de la vida humana de Jesús. La Cruz no está en el centro de la cristología del Documento... Es un Evangelio sin conflicto, de pura bondad. ¿Por qué un Evangelio sin conflicto?...

¿Ante estos problemas como afrontar su lectura?

Desde el Syllabus de Pio IX (o al menos desde los documentos del Concilio Vaticano II), ningún documento eclesial ha tenido como fruto tan diversas interpretaciones como Amoris Laetitia. Vale la pena retomar las indicaciones de Dupanlop sobre la recta interpretación de este tipo de documentos complejos: el sentido de las frases hay que deducirlo de los documentos de donde están tomadas.

Fuentes: Batista Libanio, João, Conferencia de Aparecida. Documento final. Revista Iberoamericana de Teología [en linea] 2008, (Enero-Junio) y José Comblin, El proyecto de Aparecida (SICSAL).

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