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9 ago. 2018

Los desafíos actuales de la pastoral familiar



  • Las familias católicas tienen menos hijos, con repercusiones en el número de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. 
  • Algunos católicos se alejan de la Iglesia para dirigirse a otros grupos que parecen prometer algo mejor. 
  • El aborto se suma al dolor de muchas mujeres, que ahora llevan en sí profundas heridas físicas y espirituales, tras haber cedido a las presiones de una cultura secular que disminuye el don de Dios de la sexualidad y el derecho a la vida de los hijos por nacer. 
  • Además, la tasa de separaciones y divorcios es alta, incluso entre las familias cristianas, y con frecuencia los hijos no crecen en un ambiente familiar estable. 
  • También observamos con gran preocupación, y no podemos dejar de deplorarlo, un aumento de la violencia en perjuicio de mujeres y niños. 
Todas estas realidades amenazan la santidad del matrimonio, la estabilidad de la vida familiar y, en consecuencia, la vida de la sociedad en su conjunto. En este mar de dificultades nosotros, obispos y sacerdotes, debemos dar un testimonio coherente de la enseñanza moral del Evangelio. 
Confío en que no disminuya vuestra determinación a enseñar la verdad «a tiempo y a destiempo» (2 Tm 4, 2), con el apoyo de la oración y del discernimiento, y siempre con gran compasión.

La santidad y la indisolubilidad del matrimonio cristiano, que a menudo se resquebraja bajo las enormes presiones del mundo secular, deben profundizarse a través de una doctrina clara y sostenerse mediante el testimonio de parejas casadas comprometidas. 

El matrimonio cristiano es una alianza de amor para toda la vida entre un hombre y una mujer; comporta sacrificios auténticos para evitar las nociones ilusorias de la libertad sexual y para favorecer la fidelidad conyugal. 

Vuestros programas de preparación para el sacramento del matrimonio, enriquecidos con la enseñanza del Papa Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia, se están revelando como instrumentos prometedores y, de hecho, indispensables para transmitir la verdad que libera acerca del matrimonio cristiano, y están infundiendo en los jóvenes una nueva esperanza para sí mismos y para su futuro como esposos y esposas, padres y madres.

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